Según el informe DBIR de Verizon, el 74 % de las brechas de seguridad tienen su origen en el factor humano. Existen muchos tipos de ataques de ingeniería social capaces de manipular a los empleados de una empresa para que compartan datos que no deberían salir de ella: contraseñas, datos personales, credenciales de acceso o números de tarjetas de crédito.
Los empleados son el motor de las empresas: son quienes las hacen funcionar. Cada día trabajan en un entorno más digitalizado: responden correos, procesan facturas, tramitan pedidos online, usan aplicaciones en la nube y dispositivos móviles, o gestionan las redes sociales y la página web. Usan la tecnología a diario, pero ¿son conscientes de los riesgos a los que se exponen y de hasta qué punto pueden poner en jaque a la organización?
El papel de la ingeniería social
Una de las formas más habituales de aprovechar el factor humano es la ingeniería social: un conjunto de técnicas para manipular a las personas y conseguir que revelen información confidencial. La más conocida es el phishing, en el que el atacante convence al usuario para que haga clic en un enlace o abra un archivo adjunto malicioso.
Pero los empleados no son el único objetivo. Los perfiles directivos son una amenaza creciente para muchas empresas: tienen acceso a la información más confidencial y, a menudo, son los menos protegidos, porque no se les aplican los protocolos de seguridad que necesitan. Ante la creciente sofisticación de la ingeniería social, las pymes deben reforzar ya la protección de sus trabajadores y directivos para evitar intrusiones costosas en sus sistemas y sus datos.
Qué está pasando a tu alrededor
Al igual que el ransomware, la ingeniería social es un negocio muy lucrativo para los ciberdelincuentes. Un ejemplo es el fraude del CEO o Business Email Compromise (BEC): el atacante suplanta a un directivo, un empleado o un proveedor para conseguir que la empresa haga una transferencia.
Según el Internet Crime Complaint Center (IC3) del FBI, solo en Estados Unidos se denunciaron en 2024 más de 21.000 casos de BEC, con pérdidas cercanas a los 2.800 millones de dólares: unos 130.000 dólares de media por denuncia. Ante esta amenaza, todas las pymes, y sobre todo las que tienen equipos distribuidos o en teletrabajo, deben definir y hacer cumplir buenas prácticas de seguridad centradas en las personas.
Los ciberdelincuentes no cesan en su empeño de conseguir datos confidenciales de trabajadores y empresas, porque los beneficios que obtienen son enormes. Estas amenazas afectan directamente a la continuidad del negocio, y la mayoría de los incidentes se deben, de una forma u otra, a la falta de formación en ciberseguridad de quienes usan la tecnología.
La formación, un valor fundamental
En Infofive siempre hemos puesto el foco en ayudar a nuestros clientes a implantar soluciones y servicios que mejoren sus negocios, como un apoyo estratégico. Por eso ofrecemos sesiones de formación y concienciación: jornadas muy didácticas para que los empleados aprendan a usar la tecnología de forma segura.
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